sábado, 22 de junio de 2013

Loa a los otros sentidos de Leandro Díaz



Loa a los Otros Sentidos de Leandro Díaz

Por Silvia Betancourt Alliegro

No me era posible imaginar la materia sin sonidos, sentía inmensa pena por los encarnados que nacen sordos, así el refranero afirme que ‘A palabras necias oídos…’ hasta que escuché las creaciones literarias manifestadas en canciones de un hombre que no ve las cosas terribles que otros hombres le hacen a los demás, pues ha dedicado su existencia a conducirnos por territorios físico- espirituales que sólo las almas bellas transitan.

Leandro Díaz nos ha mostrado un camino sobrenatural, con la simpleza del que habita en sabiduría, gracias a  que no puede ver los gestos, ni el vestuario, ni la mirada solapada del que se le pone en frente, que ni siquiera le hace sombra.

Nos ha confirmado que para leer y aprender no se necesitan los ojos, sino saber escuchar,  para captar el sentido intrínseco de la existencia.

Se puede oír el teatro de la vida o de las tablas; se puede palpar la piel de cada animal que se acerque, e incluso presentir sus intenciones; se logra oler la bondad, también la maldad -así esté disfrazada con un excelente perfume-; se puede paladear cada sabor con el deleite de un recién nacido; y, lo más exquisito que existir pueda: escuchar a otra persona leer de un buen texto, o a un intérprete cantar el pensamiento propio o ajeno, con el tono preciso que utilizaría un ángel.

No ver lo mismo que los demás es entender el ahora sin influencias externas, como si lo materializado fuera una ilusión óptica (que lo es) que el cerebro archiva en concordancia con lo que el espíritu planea, alterando o corrigiendo lo mirado.

¿Cómo percibirá Leandro Díaz este medio día gris en el que floto, distinguiendo el verde en muchos tonos, captando el amarillo amado, y el rojo que espanta la serenidad?

Ignoro si a él le gusta el café tanto como a mí, pero sea el que sea el olor que percibe al despertar ¿le remitirá adelante en el tiempo, o lo devolverá al pasado?

Estoy segura que Leandro Díaz no ha visto literalmente -como usted o yo- un río, una llanura, ni una mujer con específicos encantos, que camina airosa mostrando al prójimo la perfección de un sueño interpretado por el Creador; pero lega para  los hombres de todos los tiempos un concepto sobre la hermosura de la existencia representada en imágenes más sutiles  que las observadas por los ojos  físicos, nos ha encaminado por senderos maravillosos donde la vida personal palpita al mismo ritmo de las estrellas.

Para lograrlo, tuvo que tomar palabras que explican la vida desde los conceptos de los videntes, pero personalmente me fascinaría que nos la mostrara tal cual como él la percibe…imagino unas sensaciones indescifrables para alguien que no sea ciego de nacimiento; sería como afrontar el camino teniendo de Lazarillo a Dios.







martes, 21 de mayo de 2013

lunes, 20 de mayo de 2013

TERAPIA

No podemos imponer a nuestros descendientes la mirada de los sueños y de las cosas. Ellos son seres para el tiempo que les correspondió, nosotros, al amparo de los sueños seguiremos un sendero extraño, plagado de criminales reales y en potencia, son demonios que cabalgan con sus mentes desdobladas químicamente; ansiando zapatos, perfumes, mobiliario, la fama inclemente y poco elegante; el sexo motivado externamente ¡un funeral con altura! Mientras tanto, los poetas de este tiempo compartido, y del anterior gris y rosa, navegan en barcos de palabras, ahora configuradas a la perfección por los asistentes anónimos de Internet. El monólogo es terapeuta y no cobra honorarios, el paciente se habita a sí mismo, sin comerciantes rondando el alma y la cueva. Porque ¿a quién le puede interesar el sentimiento de un proletario de la literatura. que viaja en el viento a falta de avión, y canta mientras camina en sueños? Me propongo narrar mis hechos de hoy, para leerlos en otro tiempo, así veré si las gentes y las cosas han mutado.

PROTESTA ANTE EL TIEMPO

DIOS: Y si por aquellos errores emanados de la cotidianidad, me permito retroceder ¡no lo permitas! de esos errores viene la fatalidad que llamamos destino. Y desde la alta montaña que acaricia estrellas, nubes o águilas, recógeme, transpórtame hasta donde el cuerpo no duela, donde la mente no alucine, donde el hermano humano no trate de someterme por medio de la tortura. Y si crees que es mejor mecerme entre los cantos rodados de un río subterráneo ¡arrástrame! Me bastaría con mirar un mínimo rayo de sol en las mañanas y uno o dos luceros en las noches. Pero si decides que merezco la cordillera y la mar, retrocédeme al tiempo de los ancestros, no importa de qué océano, y déjame soñar con él, el que sea pero que sea tierno y fuerte, en ese órden exacto de las cosas y de los seres. Firmo, para que me reconozcas: Silvia Betancourt Alliegro

domingo, 19 de mayo de 2013