viernes, 13 de diciembre de 2013

MONÓLOGO CON EL ESPÍRITU SANTo

MONÓLOGO CON EL ESPÍRITU SANTO
Quería escribir un artículo sesudo sobre los partidos políticos, actuales, en Colombia, pero se me instaló este monólogo, y ahí les va, todos los hacedores de milagros en discursos para captar votos quedaron en lo que son: movedizos, gracias a Dios.
Nos llega lo que somos. Que esto funcione así quiere decir que así funciona el libre albedrío, que es el don más grande que Dios le haya concedido al hombre. No le pidamos entonces que cambie lo que nosotros decidimos. Mas bien, que nos ayude a cambiar nuestras decisiones o a hacer su voluntad, si es que no es lo mismo, oraciones como “Líbranos Señor de todo mal y peligro”, suenan como líbranos Señor de nosotros mismos, que somos los que ejercemos el mal y nos ponemos en peligro. Sálvanos Señor de asumirnos, de la auto gestión, y el re- crecimiento. Todo bueno Señor, maluco nada.
Por otro lado, para qué pedimos lo que no tenemos cómo cargar. Hazme sabio, Señor, mientras ejerzo mi ignorancia. Tal vez “Ayúdame a salir de bruto” sea más realista y adecuado. No podemos pedir a Dios que nos tape el error con la virtud. La oración no es para pedir atajos, descuentos, prebendas o escamoteos, hagámonos merecedores, no merecidos. Que orar a Dios no se convierta en una manera de irrespetarlo. La  oración debe ser respetuosa y eso no tiene nada con asumir posturas reverenciales, más bien, tener en cuenta al interlocutor, a su ciencia, su justicia, su misericordia e incluso su paciencia.
Otros aspectos de la oración más interesantes y relajados, para Dios sobre todo, serían aquellos en los cuales le decimos al Señor cómo lo vemos, le preguntamos cómo nos ve y si cree que hay algo que debamos cambiar, a lo mejor le hacemos reclamos y pataletas, canciones y poemas, lo ponemos al día sobre los avances tecnológicos del pecado, la artesanía del alma y el progreso de los fundamentalismos. En fin, buena conversación con Dios Padre, que dicho sea de paso, debe salpicarse con gotas de buen humor, porque si hay algo claro es que la oración que más le agrada a Dios, como buen padre, es la que lo hace reír.
Nada llega al intelecto sin pasar por los sentidos, decía Tomás de Aquino. Acechar nuestras vidas, analizar las experiencias, sacar conclusiones, vislumbrar significados.
Dejarnos descubrir es aprender a captar los momentos en que Dios nos habla, volver a creer en la antigua sabiduría de los sueños. San Pablo decía que el “misterio es lo que vemos con los ojos cerrados”. El misterio es lo que vemos cuando soñamos, el misterio de nosotros mismos plasmado en imágenes. El lenguaje por excelencia de la madre. Con ellos (los sueños) ella nos habla de todo lo que nos concierne. Oremos escuchándolos, viéndolos, escribiéndolos, interpretándolos. Son imágenes, como imágenes son las que envía la televisión, el cine, el arte, la calle, etcétera. Entendamos que cada imagen de estas está tratando de decir  algo. Pongamos atención al entorno como si éste fuera una película proyectada por el interno. Igual adentro que afuera. Cada cosa está hablando, la vida es un tejido sin hilos sueltos, no sucede nada que no signifique algo, así es como nos habla el lado femenino de Dios, y ese lenguaje no es lógico lineal, es lógico simbólico.
Para entenderlo se hace necesario entender que tiene un alfabeto propio, el del símbolo; así como el lenguaje de las palabras se vale del alfabeto  de las letras, el lenguaje de las imágenes se vale del simbólico. El símbolo es la llave que abre las puertas de la comunicación con el Espíritu Santo, quien comprenda el símbolo, podrá leer la imagen, podrá ver y oír a Dios de múltiples maneras.

Aprender simbología es una de las más altas maneras  de orar porque es la manera de construir el puente para comunicarnos con Él, porque al hacerlo con Él, lo hacemos en Ella.



Silvia Betancourt Alliegro 

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