sábado, 1 de marzo de 2014

NO TE EQUIVOQUES DE BUS


Para terminar los estudios debía asistir a clases en mi antiguo colegio, en la ciudad blanca y dorada, me iba en bus, qué cambio, me gustó, miraba la gente que se subía y la analizaba despiadadamente desde la punta del zapato hasta el aura que emanaba, casi adivinaba lo que engulló deprisa en el desayuno, casi sabía que en su casa no había toallas limpias, que el jabón de baño lo encontraba con lupa, por la forma de poner los píes sabía si sentía vergüenza de sus zapatos torcidos y remontados, por la manera de mirar por la ventanilla sabía si era feliz o si era un desgraciado. 

Posteriormente me di cuenta que equivocarse de bus significa sumergirse en la locura, él por qué, aún no lo sé, pero intuyo que el desprevenido ser que está acostumbrado a mirar un mismo paisaje durante cuatro  veces diarias, seis días a la semana, puede pensar lo que quiera, tiene la certeza de que el paisaje lo llevará a sitio conocidamente seguro, así se duerma, cuando despierte sabrá exactamente dónde está.

Pero si se equivoca de bus la cosa tiene ribetes dramáticos, al comienzo nota que la gente  no es la misma de siempre, pero piensa que todos se levantaron tarde o algo así, se abstrae y cuando mira a su alrededor y busca el inconfundible paisaje, se siente perdido, casi desea dar gritos de terror, con gran esfuerzo se domina y le pregunta al que va al lado, este bus para dónde va, cuando le da la ruta es Troya, el ciudadano hace que paren el bus los más rápidamente posible y se baja en un punto flotante de luz y casas desconocidas, mira a lado y lado con terror creciente y empieza a desesperar porque llegará tarde por primera vez en cinco años.

Mientras tanto, sus zapatos se han ensuciado, el pelo está en desorden, no sabe cómo pero sus ropas empiezan a tener el aspecto sucio y desgreñado de un refugiado. El colmo de la desgracia es cuando comienza a llover a cántaros y no hay en donde guarecerse,  no pasan taxis, y si pasan están ocupados, o usted no tiene más que el valor del pasaje, pero en otro bus.

Cuando llegue a su casa tarde en la noche, sin almorzar, con el alma en vilo porque de pronto lo echen del trabajo, y encima nadie le cree que se equivocó de bus y por eso no fue a la oficina ni a almorzar, para rematar, le dicen que no le guardaron comida porque se imaginaron que siendo tan tarde ya debería haber comido por fuera. 

Entonces usted decide no volver a distraerse cuando se monte en un bus, así parezca un tonto, verificará siempre la ruta como si la vida le fuese en ello, y si alguien le pregunta en el bus que para donde va, mire directamente a los ojos de la víctima y dígale: “No se baje, termine la ruta y regrese donde  cogió ésta, es lo más seguro” ¿cierto?

EL BUS Y LOS ENAMORADOS

Ella se subía al bus en la mañana y todos pensaban  que el día valía la pena vivirlo sólo por ver tanta maravilla junta. Tenía una belleza de ángel, tanta, que nadie podía dejar de mirarla en todo el trayecto, al bajarse del bus, el chofer esperaba que la vieran por espacio de medio minuto aproximadamente.

Al regreso hasta el paradero del bus, todos los seres adquirían formas idénticas, como de lobos con el cuello larguísimo y los ojos desorbitados, la boca anhelante. No sé si era consciente de que a su paso todo se detenía, bueno, en ese tiempo creo que no, más adelante sí que lo sabía y lo aprovechaba.

Había un muchacho del barrio La Campiña  que corría a velocidades pasmosas para alcanzar el bus donde ella viajaba. Recuerdo un día que lo dejó, cuando llegamos a la antigua estación del tren él estaba esperando ahí, jamás sabré a qué velocidad se desplazó, sólo sé que ese día se estableció una marca imbatible en atletismo.     

Pobre Orlando, creo que así se llamaba, era bello pero tenía la desgracia de vivir en un barrio obrero y eso mi hermana jamás se lo perdonaría. Yo sí, le perdonaría  todo con tal de ver tanta belleza junta: piel morena como el cobre,  cabello suave y liso que le caía sobre los ojos negros más bellos que he visto, dientes perfectos, casi tanto como los de mi hermana, siempre vestía jeans desteñidos muy apretados, camisa  blanca remangada casi hasta el hombro, a mí particularmente me encantaba tal desparpajo.

Desde entonces me empezaron a gustar los muchachos que se enamoraban de ella, yo no era su enemiga, no podía competir contra tanta belleza, era yo el ángel de la guarda que la libraba de las maldades mundanas.

Vuelvo al bus, copa repleta de pensamientos. Cuando te desplazas en él arreglas los problemas de tu casa, de tu patria y de tu continente con un gesto de impunidad que te confiere  el ser pasajero que no puede ser interrumpido en sus observaciones minuciosas de las edificaciones grises, de las caras grises, de los carros negros, de las calles sucias, de los avisos comerciales tan idénticos siempre, que cuando surge alguno nuevo los lees casi con devoción.

Los locos no pueden montar en bus. Te explicaré por qué: casi siempre cogen el que no es y se pierden por un tiempo indeterminado en el espacio tiempo de otros seres. No entienden los avisos, los tonos de los vestidos de los pasajeros les confunden aún más. Así que al alterarse la rutina de los colores, su mente se pierde de la impunidad que le confiere la rutina y lo obliga a mirar el entorno con el desespero de un niño perdido entre la multitud. Aconsejo a las personas predispuestas a la locura que lean muy bien el destino del bus, así se evitarán entrar al laberinto, es posible que se pierdan por unos cinco mil años tratando de encontrar el camino a la fortaleza de su alma.


EL PSIQUIATRA INTERPRETA


Aquí observo con nitidez  que el poder ser parte  de la colectividad le marcó la capacidad de análisis, no dejando por ello de desvariar e inventar historias sobre todos los personajes que abordaban su vida.

Algunos de sus comentarios sobre este medio de transporte nos lleva a la certeza de que su espíritu divagaba  casi constantemente, es posible que sintiera algunos complejos de inferioridad, pero sintiéndose eterna ante sí misma, aprendió a manejar su ego desde adentro para más adentro, no dejando resquicio por el que alguien pudiera entrar.

@yastao



domingo, 23 de febrero de 2014

LA LOCURA

Si todos pudiéramos ser partícipes de los viajes fantásticos que emprenden los locos sin necesidad de desplazarse a ninguna otra parte que no sea el sitio para vivir pensando, es probable que nos acercáramos a la verdadera vida.

Eso de estar loco es un reto a la fantasía, pues hasta a la hora de comer se convierte en viaje al fondo de la tierra pensando en el tubérculo que comes sazonado por alguien que tal vez maldecía cuando lo pelaba sin pensar la maravilla que tiene en sus manos. Así pasa la vida el loco, elucubrando maravillas de las que nadie sospecha y del que todos sospechan.

Es fatal para el cuerdo convivir con el loco,  es como vivir con un niño caprichoso que no desea entender nada de lo que le enseñan, es vivir con el terror soterrado y  creciente de que de pronto un día, a una hora predeterminada por su locura decida darte muerte para asesinar contigo a su fantasma escarnecedor.

Cuando entra en escena el mediador entre tú y él, el psiquiatra, la vida tiende a tomar tintes dramáticos e impredecibles, este profesional osado, que hace viajes a la mente de los otros (al menos eso cree él) se convierte en el enemigo a muerte del loco hasta ese entonces libre, ese desconocido logra matar tus ánimos de explorador, querido loco, te aplasta, te aniquila, convierte tu inteligencia cósmica en un remedo de vida aparentemente inteligente, porque te induce a entrar bajo los parámetros de la civilización que tu anhelas eludir. Tu familia le paga lo que pida con tal de que te saque a la realidad de ellos, aprende experimentando contigo a utilizar varios productos químicos.

Explica a tus dolientes lo que te aqueja con un aire de dignidad cuasi divina, con palabra inventadas por otros célebres embaucadores históricos que un día decidieron escribir libros sobre las experiencias vividas con otros pobres mortales. El médico psiquiatra aprende de ti, de tus viajes, de tu ingenio para buscar el alma de las cosas; se apropia de tus sueños y los explica a su manera, a la manera de los  embaucadores anteriores a él; cuando encuentra ese destello inmortal en tus “fantasías” lo aniquila con buenas dosis de Akinetton y aterrizas en la realidad de los demás con la lengua del tamaño de tu cabeza y la sensación espantosa de ser otra vez igual a todo el mundo.

Los sabios y científicos, los filósofos, toda esa gente a la que se le debe la muelle comodidad de los habitantes del planeta que tienen el dinero suficiente para comprar sus  libros y sus inventos, fueron o son locos a quienes dejaron en paz, es seguro que en la época del esplendor de los egipcios los sabios a consultar para tomar serias decisiones fueran las mentes que ahora asesinamos con dosis mortales de químicos.

Nunca podrás determinar en qué momento decides volverte loco, pero eso sí, casi siempre sucede después de un hecho doloroso que aniquila tu modo de vivir hasta ese día y entonces ocurre la chispa maravillosa que te desconecta del tiempo en que naciste y te traslada al de tus sueños. 

Es así como vives dos vidas paralelas, completamente diferentes, una, la tuya llena de fantásticos amaneceres y anocheceres de misterios y la de los pobres de la otra esfera que te obligan a comer y  beber, te obligan a vestir sus ropas de civiles ordenados y a sonreír estúpidamente ante sus comentarios que ellos creen sacros, y en ocasiones llenos de misericordia ante ti pobre alma alucinada. 

Pero cuando te dejan solo, qué maravilla, si quieres te refiero como vive ese loco que hay dentro de ti y de mí, ese que desprecias porque no sabes usarlo a tu antojo, ese que no puedes manipular, ese que ríe por no llorar, ese que salta de tu realidad para no ver la chispa de la ambición en tus ojos, ese que se encoge en un rincón para que no le veas el alma que te ama muy a su pesar.


El loco es loco porque padece de amor, ternura, caridad, cariño, como podrás apreciar, sólo adolece de los sentimientos, por tanto, cada vez que tratas de tocarlo por fuera él reacciona con agresividad, puesto que precisamente lo que no desea es que le toques el cuerpo físico sin amar el psíquico, es una reacción de choque fuerte y poderosa, él solo acepta tu disposición espiritual,  y si aprendes esto,  enséñaselo a todo el cuerpo médico del mundo que habitas porque de pronto así se romperá la barrera espacio-temporal que nos separa radicalmente. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Hay ahora más escritores que en toda la historia de la humanidad

Escriben memorias las damas del espectáculo, los hombres de la guerra, los políticos, los presos, los periodistas (ellos son los que más derecho tienen), y sígale añadiendo, que lo más probable es que usted tenga algún pariente o amigo (a) que esté ahorrando para publicar un libro.
Los dictadores  mandan a confeccionar uno que siempre es ’El libro blanco’ que explica sus atrocidades con una desfachatez que asombra e insulta al humano lector, con gran profusión de material gráfico (desde luego que los registros de sus crímenes atroces no aparecen).
 Desde el cautiverio se han escrito muy buenas novelas, que ahora no pienso mencionar, para no ser  fatua posando de sabihonda; así que no es novedad contemporánea.
 Los perversos se han refugiado en la escritura, también los locos, hay que estarlo para ponerse a inventar cualquier cantidad de diálogos, gastando neuronas para llenar un número determinado de  cuartillas. Aun cuando confieso que me entretenían cuando era lectora de novelas, incluso me identificaba con algunos de los personajes. Bueno, es probable que sea por envidia que he escrito lo anterior, ante mi incapacidad de escribir bien, pero no lo voy a borrar.
 El teatro es otra cosa; personalmente me sé poseedora de algunos malévolos rasgos de personajes desenmascarados por William Shakespeare. Incluso, cuando me siento vacía recurro a él, para atisbar la condición humana (expresada perfectamente en mí) tal cual es, en todas las épocas, en todos los continentes.
 Los jóvenes de hoy que tienen acceso a Internet son todos escritores, y de los buenos: sostienen unos diálogos con varias personas durante horas, son adictos al intercambio de ideas, pero de otra manera ¡Es que no podemos esperar que se pongan a leer y  escribir con papel y lápiz, teniendo un tesoro que jamás se imaginaron Cervantes y Shakespeare!

@yastao

lunes, 10 de febrero de 2014

LA BELICOSIDAD ES PRIMITIVA Y CONTAGIOSA



“El gran paso para que se produzca el tránsito desde el estado primitivo a la civilización es precisamente que el individuo salga de su retraimiento y se relacione amistosamente con los que no pertenecen a su clan”.
José Manuel Reverte

La guerra es, desde remotas épocas, el procedimiento que pone en juego el hombre primitivo para solventar las disputas que surgen entre grupos por un territorio.

Se habla de un instinto de ferocidad inherente a la humanidad, que explicaría los combates y la guerra, pero tal vez debamos pensar en una educación guerrera inducida por la necesidad de defensa.

El hombre se siente atraído por la guerra. La guerra es un procedimiento para distinguirse en una colectividad que otorga al guerrero toda clase de prerrogativas y honores. Las mujeres, además, prefieren a los hombres que dan pruebas de ferocidad salvaje, se sienten protegidas del asedio de otras bestias. 

La guerra ha influido en gran manera en las costumbres de la humanidad, con la captura de mujeres desapareció el matriarcado como forma familiar y se pasó al patriarcado, dentro del cual el varón  se convirtió en centro y cabeza de la familia.
En Colombia, en las dos últimas décadas, tal vez precisamente por la guerra, las mujeres cabeza de familia imperan, por tanto, estamos a las puertas de una nueva organización de la familia.

La guerra ha favorecido la exogamia, es decir, el matrimonio fuera del grupo. Entonces, la mujer se convirtió en factor de progreso al introducir nuevas costumbres; pues las mujeres, tradicionalmente dedicadas a la agricultura, aportaron el conocimiento de nuevos métodos en grupos humanos más atrasados. De modo que la mujer, que provoca guerras, compensa con los bienes que aporta.

Además, la guerra es una forma de distinguirse, los gobiernos llenan de distinciones al guerrero valeroso, que vivo o muerto, llega vencedor del combate, es la salvaguardia del colectivo.

En casi todos los pueblos, los jóvenes se endurecen con el espectáculo de la sangre vertida, del dolor y de la muerte. Veamos un caso: los ‘kavirondos’ del este de África, montan sobre sus espaldas los cadáveres de los enemigos muertos en el campo de batalla y los depositan en la plaza del poblado; allí destrozan meticulosamente los cuerpos de los muertos para endurecer los espíritus jóvenes a la vista de la sangre (cualquier parecido con sucesos acaecidos en algunos pueblos colombianos no es coincidencia, son ‘recursos’ aprendidos por las mentes que los dirigen).

El hombre primitivo considera a su grupo como el centro de todos los pueblos. Ha de creer que su tribu es superior a todas las restantes y estar convencido de que su manera de tratar los problemas es la única válida y definitiva, sólo así se siente seguro... que es lo que marca la pauta de la caterva que sigue a Álvaro Uribe Vélez.

Este etnocentrismo concentrado exclusivamente en un grupo humano que sobre valora sus cualidades y forma de vida, es causa primordial  de guerra en todas las épocas y en todas las civilizaciones.

“El gran paso para que se produzca el tránsito desde el estado primitivo a la civilización es precisamente que el individuo salga de su retraimiento y se relacione amistosamente con los que no pertenecen a su clan”, fue lo que testificó José Manuel Reverte, y es corroborado por la fundación de la más grande cooperativa del mundo occidental contemporáneo: La Unión Europea.
@yastao


martes, 4 de febrero de 2014

EL SIMULACRO PREVALECE EN LAS MARCHAS

EL SIMULACRO  PREVALECE EN LAS MARCHAS
Mi columna publicada el 13 de febrero de 2008

Entre los intelectuales alquilados, los revolucionarios hipócritas, los políticos fariseos, y el colectivo en pleno. Es que es fácil denostar de todo y de todos, crucificar al caído (así no esté plenamente comprobado su delito), dar muestras de indignación ante los yerros ajenos, soslayando el espejo que nos muestra el verdadero rostro que ocultamos tras la máscara de ciudadanos ‘decentes’.

Aquí cabe introducir un trozo de alguna estrofa del tango “Cambalache”, y si usted lo ha adoptado como su himno del alma, pues cántelo ahora, para paliar en algo la indignación que le causa la lectura de esta nota.

Fue fácil marchar en contra de las Farc, fue lícito, necesario, edificante y aplastante, el planeta se enteró que poseemos alma y dignidad, que somos una nación esforzada en el diario ejercicio del trabajo y del placer (no podemos negar que buscamos por doquier la diversión, y ni quién lo condene, pues es sano para la psiquis) y vibramos a una escala cósmica y al unísono, fuimos uno.

Ahora nos convocan para que hagamos lo mismo el próximo mes, pero en contra de los paramilitares, y no he escuchado sobre esta citación la exhaustiva difusión por radio y televisión que nos aplicaron minuto a minuto, hora a hora, día a día, hasta que nos inocularon la necesidad de manifestarnos como pueblo respetable y soberano.

No me atrevo a hacer suposiciones por pura hipocresía, no quiero quitarme la máscara por el mismo miedo que domina al colectivo nacional, pero puedo introducirme en el tema con lentitud extrema para no causar (me) daño.

Tal vez aún vivamos bajo la dominación de ellos pero no lo reconocemos en público, tal vez sea necesario existir bajo la opresión de algo o alguien –así están edificadas las civilizaciones, así fue concebido el Contrato Social, así caminan derecho todas las naciones- necesitamos el castigo para comportarnos adecuadamente con las circunstancias, esto ya lo dijo de otra manera José Ortega y Gasset: “El hombre es él, más sus circunstancias”.
Tendremos que estudiar algunas corrientes filosóficas para entender el momento histórico por el que navegamos, creo que podremos empezar por el Determinismo Geográfico, que es algo tan simple como asegurar que los ríos son la principal causa del origen y desarrollo de las civilizaciones; actualmente lo bautizaron como Geopolítica.

La República de Colombia se rige por una Constitución Política, en la de 1991, en el Capítulo 4, Artículo 101,  habla del Territorio que comprende  también, el subsuelo, el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental, la zona económica, el espacio aéreo, el segmento de la órbita geoestacionaria, el espectro electromagnético, y el espacio donde actúa, de conformidad con el Derecho Internacional o con las leyes colombianas a falta de normas internacionales. Noto dos inexactitudes que podrían acarrear problemas geopolíticos: Primera: habla de un (1) mar y posee dos(2). Segunda: el espacio donde actúa no está establecido en términos de kilómetros cuadrados, y no menciona los países limítrofes.  Este tema lo manejan expertos que el gobierno no consulta, están de embajadores en otros países, por tanto, no saben, no responden.

Entonces, si en términos geopolíticos internacionales no tenemos un territorio físico predeterminado ¿qué podremos decir de los territorios internos usufructuados por agrupaciones con ejércitos particulares  que manejan el suelo patrio como distritos privados, que tienen sus propias leyes y unas metas más definidas que las del mismo Gobierno legalmente establecido?
Creo que dejaremos la charla en suspenso, asegurando que Colombia es una Federación: Unión de diversos Estados Particulares que tienen en común ciertos servicios y funciones y una autoridad central superior, y tal vez podríamos optar por actuar y pensar como en la antigua Grecia, donde se formaron Federaciones de Estados para defenderse de los invasores.
@yastao






lunes, 3 de febrero de 2014

CARTA A MI HIJA


Hija

Ahora que sé que no vendrás, los objetos empezaron a tomar nuevas formas que hablarán de lo eterna y solapada que puede ser la eternidad  sin tu presencia. Empiezas la travesía por senderos desiertos de mí. 


Para cuando quieras regresar por minutos, días o años, cada centímetro cuadrado de este cascarón habrá adquirido la dimensión exacta de mi alma, que desea legarte:
Libros subrayados en el texto exacto que conducirán  tus sospechas de la realidad hacia un mundo en el que ya todo está pensado, expresado y manifestado. Son para que los uses, para que los legues traducidos a la manera práctica en que tú sabes hacer las cosas, de tal forma que nadie se pierda en disquisiciones absurdas y ampulosas de esas que usan los catedráticos que no escriben.

Aprenderás, como yo, a acariciarlos olerlos y besarlos cada vez que te corroboren en una idea que flotaba difusa en tu conciencia, y así, de pronto una tarde, te sorprenderás escribiendo una canción para alguien del futuro.

Y mientras tanto, te envío unos consejos: a la manera de cualquier arquitecto de cualquier era, reviso cada metro de esta casa tuya para prever que no se desparrame y se diluya con las lluvias o se disperse al sol, para que cuando la quieras usar, cuando realmente la necesites como puerto, esté incólume en el tiempo, cimentada en el amor al conocimiento, que jamás sobra.


En ella descubrirás universos paralelos. Por ejemplo: Percibirás que es época de podar los árboles cuando comiences a barrer demasiadas hojas amarillas.
Notarás la necesidad de pintar sus muros exteriores cuando deje de ser paisaje y se vea como ruina.
Aprenderás a cerrar los grifos sin hacerles demasiada fuerza para que no se desgasten las arandelas y los tornillos, y comiencen a gotear.
Lucharás por no dejar pasar desechos sólidos por los sifones cuando tengas que usar la ‘chupa’.

Sabrás que es hora de combatir las hormigas cuando te empiecen a dejar sin sombra.
Derrotarás a los ratones y otras alimañas no dejando comida destapada, ni platos sucios.
Advertirás que la exquisitez de usar sábanas y toallas limpias requiere de un mínimo esfuerzo semanal; lo mismo vale para todas tus prendas de vestir, los cepillos y peines para el cabello.

No seas perezosa, aborda cada oficio con la certeza de que te aportará beneficios tangibles e inmateriales.
Sonríe al día naciente, solázate en ser espectadora de la creación, que no mengua, pues es fábrica de sorpresas del ahora, para siempre. Para facilitarte el éxtasis, tengo para ti, colgada del árbol de mango que tiene tu misma edad y de la ventana que inunda de luz y brisa la cocina, una hamaca con olor a naturaleza intacta, permítete su abrazo, en él constatarás que jamás dejarás de sentirte en mi regazo.

En mi escritorio, en el cajón superior derecho (las llaves están colgadas en el tablero de lo pendiente) están todas las obras que escribí desde que sentí tu palpitar en mi vientre y mi espíritu comenzó a maquinar cómo serías en cada etapa de tu crecimiento. Si algún día tienes tiempo, o deseos de leerlas, podrás hacerlo con comodidad, pues están digitadas en computadora, con formato RTF, debidamente corregidas. Son veinte años de creación desinteresada, porque el que escribe pensando en que tal vez ganará algún premio, no lega espíritu: En todas está mi alma niña, que reclama un sitio seguro dónde seguir creciendo, dónde edificarte otro hogar, partiendo de otras premisas que nada tiene que ver con muros, porque, ten siempre presente: soy tu maestra, quizá en alguna época querrás ser mi alumna.

Con un amor que sólo una palabra puede describir:

Tu mamá






sábado, 25 de enero de 2014

El pensamiento único y la policía de la opinión




Los artistas prehistóricos – con pocas excepciones – recurrían a los mismos motivos y símbolos, como se puede observar en las pinturas de cuevas y rocas, diseminadas por todo el globo terráqueo: círculo, rueda (con rayos), sol, círculos concéntricos, rectángulo inscrito en un círculo, variedades de cruces y estrellas. Como si en lugares muy apartados los artistas procedieran de la misma escuela.

En su libro Kul Symbol Schrif, Oswald O. Tobisch ha demostrado, valiéndose de cuadros, que los dibujos en las rocas de África, Europa, Asia, América están enlazados entre sí. Al final de su estudio comparativo, Tobisch plantea, asombrado, la pregunta:

¿Hubo en alguna época un concepto único de Dios en una casi incomprensible ‘internacionalidad’, y estuvo acaso toda la humanidad de aquellos tiempos bajo la influencia del Creador en materia y espíritu? En la Torre de Babel nació la diferencia idiomática, mas ahora podemos entender, por Translator, lo que se escribe en cualquier lengua. Internet es el imbatible –hasta hoy- oráculo del planeta y domina al mundo entero, pues puede controlar la información, las conmociones políticas, científicas y tecnológicas, la vida cotidiana, etcétera.

Ha logrado ahora lo que antaño ese ser superior organizó: la mundialización del intercambio de signos. Con ellos se accede al mundo de las finanzas, que reúne cuatro cualidades: es inmaterial, es inmediato, permanente y planetario. Atributos, por así decirlo, divinos, y dan nacimiento a un nuevo culto, una nueva religión: la del mercado de valores.

Se intercambian instantáneamente, día y noche, datos de un extremo a otro de la tierra.
Y los nuevos caciques (o monjes) dueños del conocimiento, y que son millares de súper diplomados, pasan sus días colgados al teléfono y mirando una pantalla. Son los expertos de la nueva ideología dominante: el pensamiento único, autorizado por una invisible y omnipresente policía de la opinión.

Mediante su financiación ‘afilian’, al servicio de sus ideas y propósitos, en todo el planeta, a muchos centros de investigación, universidades y fundaciones que a su vez, afinan y propagan la buena nueva. En casi todo el planeta, facultades de ciencias, economistas, ensayistas, y también políticos; examinan los principales mandamientos de estas Tablas de la Nueva Ley, y, usando como repetidores los medios de comunicación de masas, los reiteran hasta la saciedad, sabiendo que en nuestra sociedad mediática, repetición vale por demostración.

La Academia Internacional de Investigación del Sánscrito, de Mysore, India, tuvo el acierto de traducir vocablos tradicionales contenidos en un texto en sánscrito, de Maharshi Bharadwaja, un vidente de la antigüedad, a términos de nuestra cultura occidental contemporánea. El resultado fue sorprendente: las leyendas primitivas se transformaron en perfectos informes técnicos.

Nos correspondería investigar qué escriben, sin saberlo cabalmente, nuestros aborígenes, al reproducir en sus artesanías admirables figuras geométricas repetidas de generación en generación.
@yastao